La primera vez que supe (gracias don Manuel) que existía (que estaba ahí fuera, entre quienes lo sabían) lo que se conoce en política como relación de fuerzas, enseguida tuve conciencia de lo que significaba este "concepto". Y es que es muy sencillo. ¿Pero qué tiene que ver la correlación de fuerzas con Internet y su control? Pues tiene que ver todo en absoluto, hasta el punto de que de la correlación de fuerzas depende el control que se ejerza, más o menos, de una forma u otra, sobre Internet.
Internet proporciona mecanismos de comunicación nunca vistos. Mediante Internet sería posible organizarse a nivel mundial para llevar a cabo cualquier cosa que se te ocurra. Mientras Internet se use para ver vídeos porno, el control que se ejerza sobre Internet estará determinado por la correlación de fuerzas: no será necesario ejercer control alguno sobre quienes no lo necesitan, porque, se mantienen dentro de límites perfectamente asumibles.
Mientras Internet sea un juguete, realmente, no merece la pena su control, más aún, merecen la pena los juguetes como Internet para mantener al personal divertido, en la medida de lo posible. Lejos de las preocupaciones mundanas. No estoy diciendo en absoluto nada nuevo. Esto también lo dijo Manuel Vázquez Montalbán, hablando, precisamente, de Internet. Y es que el control "estaba por ver", sí, pero no se llevaría a cabo de no ser necesario. Que tontos no son.
Cuando leí hace años que Manuel Sánchez Almeida "abandonaba" la lucha, fue automático que se me viniera a la cabeza todo esto del control de Internet, de la correlación de fuerzas, de la no necesidad de control aquello que no estaba descontrolado, de cómo había gente que había dado la lucha por perdida, al menos dentro de Internet, mientras que la gente, entre la que me incluyo, se dedicara a ver vídeos porno.
Y tal vez te estés preguntando, ¿pero qué me dice este hombre? ¿Qué quiere decirme? Pero, la verdad, me veo incapaz de explicarte nada. Si para ti todo va bien, o crees que el futuro existe y puede irte mejor incluso, entonces, ¿de qué serviría que yo tratara de decirte que vives en un mundo de mierda, rodeado de mierda, eso sí, empaquetada para regalo y permumada para la ocasión? No serviría de mucho, ¿verdad?
Yo mismo me reconozco egoísta hasta el punto de no acordarme de que otros no pueden comer siquiera, cuando me como mi plato de lentejas. Lo único que puede ocurrirme es lo que le ocurría a Noam Chomsky, y es que las lentejas no me saben igual, no pueden saberme bien, como si supiera que a nadie le falta su plato de lentejas. Me pongo colorado, me avergüenzo, y me pregunto porqué yo puedo comerme unas lentejas que son negadas a otros, cuyo valor, desde luego, no es menor que el que yo pueda tener.
Porque además, para qué negarlo, lo de ponerme colorado no me sucede siempre: a veces me como las lentejas sin rubor alguno, sin pensar siquiera. Pero es que, de no ser así, ¿cómo te imaginas que iba a poder comer? Chomsky, de hecho, dice que su deseo es poder comerse un plato de lentejas sin tener que avergonzarse, y es claro que a veces se avergonzará, y a veces no lo hará, o eso es lo que piensa este humilde pecador.
Pero tranquilo, majete, en tu sillón. No habrá control de Internet, no hay que temerle. Al menos no mientras no usemos Internet sino como otra forma de entretenimiento. Siendo así, el sistema no sólo puede asumirlo, sino que lo ha hecho ya, y así está Internet convertida en una autopista donde el dinero fluye de un lado para otro, aunque no te lo creas, aunque a ti no te toque sino pagar. Otra cosa será otra cosa.

