Aquí estoy, rodeado de bots. Me veo en los foros del ClubDelphi rodeado de software que trabaja para un sin fin de buscadores. Ahí están, recolectando información, como locos.

Pero a lo peor el más loco de todos soy yo, único humano (hasta que no se demuestre lo contrario) que los acompaña en este domingo 29 de julio de 2007, con un calor insoportable. Mi ordenador se ha apagado en estos últimos días como el que no quiere la cosa.

No sé escuchar. Lo reconozco. Me está diciendo a gritos, ¿puede saberse qué demonios haces David? ¿Es que no te das cuenta de que es verano, la gente está en la calle, tomando el fresco, cuando pasa, y un refresco cuando no? Y yo no sé qué contestar.

Ciertamente. ¿Quién demonios puede estar con este insoportable calor a las cinco de la madrugada aporreando el teclado, visitando las mismas páginas Web de siempre? Porque esa es otra, ¡qué pequeña es Internet! Al final acabo visitando la misma docena de sitios.

¡Una docena de sitios, habiendo, como hay, millones! O eso dicen. Porque ya digo que no he salido de la misma docena de sitios. Sin embargo, es cierto, Internet es inmensa, infinita, y, por eso mismo, inabarcable. Se autolimita uno, incluso inconscientemente, como en otros ámbitos de la vida, supongo.

Bueno. Al menos estas mis reflexiones (siempre quise decir algo así) han servido para una entrada en este Blog. Ah, y que quede claro, esta entrada no está patrocinada por ninguna farmacéutica ávida de vender cualquier taburete al cielo en forma de píldora antidepresiva.

No; todas estas tonterías se me han ocurrido a mí solo. Para que veas. En fin. Voy a ver si en el ClubDelphi hay vida más allá de los bots (artificiales) y un quien viste y calza (bermudas y chancletas), o sea, un servidor de vosotros y del rey, que ahora estará regateando por ahí.