Escuchando la conferencia titulada Abriendo la caja negra, de Jesús Mosterín, que como otras, está disponible en la Fundación Juan March (pronúnciese "marc"), me encuentro con que parece ser se han descubierto unas neuronas en nuestro cerebro que se llaman "espejo", y que, a lo visto, reaccionan ante lo que sienten los demás, por decirlo así, no, propiamente, lo que sentimos nosotros, sino, lo que sienten otros, pero que nosotros percibimos a través suyo.

Por lo visto esas "neuronas espejo" sirven, nada más y nada menos, que, para podernos entender. Debe ser algo así como ponerse en la piel de otro. Ya lo decía Platón, creo que era, "un amigo es otro yo". Bueno. Pues fíjate cómo tendré yo el coco, que, a mí todo esto me da la risa, quiero decir, me da por pensar en la risa, concretamente, en esas risas enlatadas y estúpidas (por enlatadas) que se incorporan en no pocas series de televisión, cuando se supone que hay que reirse.

Y es que es fácil que se te escape la risa, cuando oyes reir a los demás. ¿Cómo? ¿Incluso cuando la risa es estúpida, cuando la situación lo es también, cuando tienes mejores cosas que hacer? Bueno. Si pasas por allí... y hay alguien riéndose, es fácil, sencillamente, que la risa se te contagie, al menos en un principio. Representará un esfuerzo, por tanto, deshacerse de una risa ante las que las puñeteras "neuronas espejo" reaccionan, y te con ellas tú mismo, antes de darte cuenta.

Esto quiere decir varias cosas. La gente de la televisión no es tonta. Sabe lo que hace. Más aún, quienes se dieron cuenta de que poniendo risas enlatadas conseguían que la gente riera más, o simplemente riera, ante lo que estaba viendo en la pantalla. Y, ahora que lo pienso, menuda estupidez lo que estoy diciendo, ¿no es verdad? Es lógico. Es obvio. ¿A qué vengo yo ahora a recalcar lo que es evidente? Así que doy un salto mortal y pienso en las lágrimas. Porque, si lo dicho sucede con la risa, con las lágrimas lo mismo.

Odio los documentales, noticias, reportajes o como quieran llamar al mensaje que se te presenta con música triste, de violines, generalmente, como para que te metas en el asunto, por si no te habías dado cuenta, nada alegre. ¿No representan este tipo de prácticas una forma de lavado de cerebro, dicho mal y pronto? ¿Hasta qué punto pueden teledirigir nuestros sentimientos, lo que pensamos? ¿Hasta qué punto pueden teledirigirnos? ¿Y es necesario? ¿Y para qué es necesario? ¿Y para quién? ¿Para quiénes?

Y como ya he dicho lo que quería decir, más o menos,... aprieto el botón Publicar.