EL hermoso navío
¡Oh lánguida hechicera, describir quisiera
las mil bellezas que tu juventud adornan!;
quisiera pintar tu beldad,
en la que niñez y madurez se aúnan.
Cuando con tu amplia falda el aire barres,
diríase un hermoso navío rumbo a mar adentro,
velas al viento y meciéndose
en compás suave, perezoso y lento.
En tu cuello ancho y lleno, en tus hombros redondos,
tu cabeza va pavoneándose con mucha gracia;
¡qué aspecto plácido y triunfante el tuyo
al andar, oh majestuosa criatura!
¡Oh lánguida hechicera, describir quisiera
las mil bellezas que tu juventud adornan!;
quisiera pintar tu beldad,
en la que niñez y madurez se aúnan.
Tu pecho que surge y empuja la seda moaré,
tu pecho triunfante en es un magnífico armario
cuyos paneles redondeados y claros a
los relámpagos atraen, como si fuesen escudos,
¡escudos provocantes, armados de puntas rosas!,
¡armario de dulces secretos, de buenas cosas lleno,
vinos, perfumes, licores, que harían
delirar a mentes y a corazones!
Cuando con tu amplia falda el aire barres,
diríase un hermoso navío rumbo a mar adentro,
velas al viento y meciéndose
en compás suave, perezoso y lento.
Tus bonitas piernas, bajo volantes que ondulan,
atormentan a oscuros deseos y los irritan,
igual que dos brujas que en vaso hondo
van preparando una pócima muy oscura.
Tus brazos, que a precoces hércules dominarían,
son émulos recios de las feroces boas,
están hechos para abrazar intensamente
a tu amante y en tu corazón imprimirlo.
En tu cuello ancho y lleno, en tus hombros redondos,
tu cabeza va pavoneándose con mucha gracia;
¡qué aspecto plácido y triunfante el tuyo
al andar, oh majestuosa criatura!
Publicada el Lunes, 13/10/2008 por David Esperalta
Suscribirse a esta entrada - URL para Trackbacks