El final del día
La vida, cínica y chillona,
no hace sino correr, bailar y
agitarse bajo luces lívidas.
Así, en cuanto en el horizonte
se muestra la noche voluptuosa,
calmando todo, incluso el hambre,
borrando todo, hasta la vergüenza,
el Poeta se habla: "¡Por fin
mi espíritu y mis vértebras
invocan con ardor el descanso!;
voy a tumbarme boca arriba,
lleno de ensueños fúnebres;
voy a envolverme en vuestros velos
¡oh tinieblas refrescadoras!"
Himno
A mi muy querida y muy bella
que me colma de claridad,
al ángel, al ídolo inmortal,
¡salud en la inmortalidad!
Amada que en mi vida penetra
como aire impregnado de sal
y que en mi alma insatisfecha
deja anhelos de eternidad.
Es cuerpo que frescamente perfuma
el ambiente de un ansiado rincón,
es incensario olvidado que humea
en secreto por las noches,
¿cómo, amor incorruptible,
cómo lograría yo definirte?
¡Invisible grano de almizcle
que en mi honda eternidad vibras!
A la muy bondadosa y hermosa mía
forjadora de mi dicha y salud,
al ángel, al ídolo inmortal,
¡salud en la inmortalidad!
Publicada el Martes, 7/10/2008 por David Esperalta
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