La campana rajada

¡Cuán dulce y amargo escuchar, en noches
de invierno, al amor de la lumbre que vibra y humea,
el lento despertar de recuerdos lejanos
mientras las campanas cantan en la neblina,

feliz es la campana de amplia abertura
y que pese a sus años sigue alerta y decidida,
esparciendo fielmente sus llamadas religiosas,
como un soldado veterano que vela bajo la tienda!

Tengo hendida el alma, y cuando en su tedio
se obstina en poblar de cantos la fría noche,
a menudo ocurre que sus debilitados sones

evocan más bien estertores de algún herido, abandonado
en lago de sangre, bajo un montón de muertos, y que
sin lograr moverse, con enconados esfuerzos, se muere.

Charles Baudelaire