La muerte de los amantes

Tendremos camas de olores suaves,
y divanes tan profundos como tumbas,
y en los estantes flores extrañas abriéndose
para nosotros bajo cielos más puros.

Con su calor postrero y usándolo a porfía,
nuestros corazones serán dos grandes antorchas,
sus luces dobles se reflejarán
en nuestras dos almas, espejos gemelos.

Y en un atardecer de color rosa y azul místico
intercambiaremos un relámpago, uno tan sólo,
henchido de adioses, como un largo sollozo;

y luego, un Ángel, al entreabrir las puertas,
fiel y jubiloso acudirá a reavivar
los espejos turbios y las llamas muertas.

La muerte de los pobres

La muerte nos consuela, ¡ay!, y nos hace vivir;
es el objetivo de la vida, y es esperanza única
que como un elixir nos invade y embriaga
animándonos a caminar hasta el anochecer;

a través de tormentas, nieves y escarchas
es claridad en el horizonte sombrío;
es esa famosa posada, que en el libro figura,
donde podremos comer, y dormir, y descansar;

es un Ángel que en sus dedos magnéticos posee
el ensueño y el don de los ensueños extáticos y que
a la gente pobre y harapienta los hace la cama;

es la gloria de los Dioses, y el granero místico,
es la bolsa del mísero y su patria antigua,
¡es el portal abierto que da a los Cielos desconocidos!

La muerte de los artistas

¿Cuántas veces tendré que agitar mis cascabeles
y tu frente besar, triste Caricatura?
¿Y cuántas flechas lanzaré ay carcaj mío,
para dar en la diana, de esencia mística?

El alma gastaremos en complots sutiles,
y muchas y pesadas corazas destruiremos
¡antes de que contemplemos a la gran Criatura
cuyo deseo infernal nos llena de sollozos!

Existen quienes nunca conocieron a su Ídolo,
y esos escultures malditos que el oprobio marcó
y que se martillean lo mismo pecho que frente

¡tan sólo una esperanza tienen, extraño y sombrío Capitolio!
¡Y es que la Muerte, al planear como un sol nuevo,
dará plena pujanza a las flores de su mente!

Charles Baudelaire