El hombre y el mar
¡Hombre libre, al mar siempre querrás! Es
tu espejo, tu alma contemplas
en sus olas eternamente ininterrumpidas,
y abismo igual de amargo es tu espíritu.
Gozas hundiéndote en el seno de tu imagen;
con ojos y manos la acaricias, y a veces
tu corazón se distrae de sus rumores propios
ante el ruido de esa queja indomable y salvaje.
El mar y tú, tenebrosos y discretos sois;
a ti, hombre, nadie llegó a tus hondas simas,
y a ti, mar, nadie conoce tus interiores riquezas;
¡ambos guardáis, celosos, vuestros secretos!
Sin embargo, innumerables siglos han ido pasando
y sin piedad ni remordimientos os afrontáis
por desmedido amor de la muerte y del caos,
¡ay, combatientes eternos, hermanos implacables!
Publicada el Viernes, 5/10/2007 por David Esperalta
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