El enemigo

Tenebrosa tormenta fue mi juventud
irregularmente surcada por soles brillantes,
tales estragos causaron rayos y lluvias
que escasa fruta madura subsiste en mi huerto.

Mi vida alcanzó ya el otoño de las ideas,
ahora debo utilizar la pala y el rastrillo
para allanar de nuevo el campo anegado
con hoyos cual tumbas que cava el agua.

¿Quién sabe si las flores nuevas con que tanto sueño,
hallarían la mística savia que vigor les daría
en estas tierras yermas como la arena?

¡Ay, dolor! ¡Ay, dolor! El Tiempo consume la vida,
y el oscuro Enemigo que nos roe el corazón
va creciendo y con nuestra sangre cobra vigor.

La mala suerte

¡Ay, Sísifo, para sobrellevar fardo
tan rudo, tu valor me sería necesario!
Y aunque entusiasta yo trabaje,
lento es el Arte y breve el Tiempo.

Hacia un cementerio aislado,
lejos de célebres tumbas,
mi corazón camina como tambor velado,
con ritmo de marchas fúnebres.

Muchas joyas duermen en
honduras de tinieblas y olvido,
ignorando azadas y sondeos;

hay flores que sin querer
y en intensas soledades su aroma
exhalan, dulce cual un secreto.

Charles Baudelaire