Bueno. No exactamente un patio de vecinos, pero, te aseguro que, mientras escribo esto, hay por aquí un par de vecinas, con sus críos, que lo ocupan todo. ¿Qué es la vida sino una vecina visitando intempestivamente? Pues en este caso son dos vecinas. Como te lo digo, te lo aseguro, en el mismo preciso instante en que escribo esto. Se oye la calle, la vida, la primavera, que llega inadvertida, inexorable, esplendorosa, voluptuosamente. Ella se calla, y yo dejo de escribir.

David Esperalta