¿Verdad que no olvidarás nunca la paella de tu madre? Yo, desde luego, no olvidaré nunca el sabor de la paella que hace mi madre. Espero que la siga haciendo por muchos años aún. Mi madre, además de buena ama de casa, ha sido cocinera de profesión. Quiere decirse que no soy yo sólo el que piensa que la paella de mi madre es... cómo decirlo... ¡que está para chuparse los dedos!
Pues bien, echándome un vaso de Fanta naranja, que, hacía tiempo que no bebía, antes de probarla siquiera, me he acordado de su sabor. Y de cómo han conseguido, efectivamente, grabar a fuego ese sabor de la Fanta naranja en mí. ¡Yo creo que es incluso más característico que la propia paella de mi madre! Y esto por varios motivos además. Veamos.
En primer lugar, la paella de mi madre puede tener cien mil matices. Ella se entiende, pero, depende de si echa pollo, esta o aquella verdura, de si tiene a mano no sé qué especia, de si no la tiene y usa otra que tenga a mano (sabe lo que hace, es una cocinera fetén)... en fin, la paella de mi madre, por decirlo así, sólo podría caracterizarla por comparación.
Vamos, que sólo hasta probar otra paella, que no fuera la de mi madre, creo que automáticamente, como un acto reflejo, involuntario, me acordaría de la paella de mi madre sin remisión. ¡Y tanto que me acordaría! Y, sin embargo, el sabor de la puñetera Fanta Naranja le tengo grabado a fuego dentro de mí, y este no es en modo alguno sutil: es el que es, no puede ser otro, lleva siendo años el mismo, y probablemente lo sea durante toda la vida...
Porque las paellas de mi madre desaparecerán cuando mi madre, que tarde muchos años, transite la vida, como vamos a hacer todos. ¡Pero la puñetera Fanta naranja sabrá lo mismo en el año 2060 que lo que sabe ahora! Es un sabor directo, dulzón, pegagoso, nada refrescante, ¡pero que reconoces sin darle vueltas, incluso antes de haber probado un sorbo, incluso después de varios meses sin haberla probado! ¡Joder con la Fanta naranja!
Las empresas las forman las personas, pero, no son personas. Son intemporales. La Cola Cola (que si no me equivoco es dueña de la Fanta) estará aquí por los siglos de los siglos, amén. La paella de mi madre no, sin embargo. Yo no estaré aquí dentro de unos cuantos años, incluso no puedo decir si estaré aquí esta noche, ahora, dentro de cinco minutos. ¡Pero la Fanta naranja acompañará a la humanidad en sus primeros viajes interestelares! ¡Joder con la Fanta naranja!
Que, por cierto, ni es naranja ni es nada. Dicho sea de paso. Eso no sabe a naranja. Ni te quita la sed. ¿Será posible que un despropósito así salga adelante? Pero, qué hago preguntándomelo, si está claro que no sólo puede salir adelante, sino que además se llama refresco, y todos reconocemos de antemano su sabor, es decir, en cierto modo, le deseamos, porque no se desea lo que no se conoce.
Ahora, que yo me quedo con la paella de mi madre. Y con agua fresca, a ser posible, pero, sin abusar. ¿Y tú con qué te quedas? Pero, para qué te pregunto. Está claro que tú también te quedas con la paella de tu madre (porque no probaste la de la mía, claro). ¡Faltaría más! ¡La madre que los parió! Otro día a lo mejor trato sobre los cocidos de mi madre (muchos, ricos, variados, regustones, exquisitos, también para chuparse los dedos) y a lo peor de la Fanta limón. Ya veremos.
Publicada el Jueves, 20/3/2008 por David Esperalta
Suscribirse a esta entrada - URL para Trackbacks
Tienes toda la razón, David, llevo años sin probar la dichosa Fanta y he recordado su sabor con sólo ver la imagen de la botella que has puesto. :o
Mi madre también era una gran cocinera, de las de verdad, y le gustaba mucho la fanta naranja, pero entre la paella de mi madre y la fanta... me quedo con la paella, está claro. Te aconsejo que aproveches con las paellas de tu madre, porque como bien dices, no se sabe cuánto tiempo estará uno por aquí.
Por cierto, mi madre falleció hace unos meses, la pobre, me enseñó a hacer paellas... aunque no es lo mismo, ni me sale igual, ni parecida :S
No sé qué tiene la fanta naranja, mi esposa también es lo que pide siempre cuando salimos a comer. El domingo es su cumpleaños, habrá que ir a tomar fanta naranja.
Lamento de veras lo de tu madre Casimiro. Está claro que las paellas de nuestras madres son únicas e intransferibles además, como bien dices. :(