Si hubiera leído sobre la operación de cataratas antes de que operaran a mi madre de cataratas, y no a toro pasado, como acostumbro (y así me va), acaso hubiéramos decidido mi madre y yo posponer esta operación hasta otra ocasión, quizás, cuando la catarata hubiera estado aún más formada, avanzada, insoportable, por decirlo así.

Efectivamente, amigos, la operación de cataratas de mi señora madre ha salido mal. Pudieron quitarle la catarata, sí, pero, no pudieron ponerle la lente necesaria en el ojo (LIO, por Lente Intraocular). No pudieron hacerlo, y ahora mi madre no ve del ojo operado, ni verá, hasta que, dentro de tres o cuatro meses, intenten de nuevo la operación, esta vez sólo para ponerle la lente de marras.

Sí; amigos, fue mal. Todo el día fue mal. Mi madre escuchó a los médicos y enfermeras quejándose de su situación, y no sin razones, parece ser. El caso es que entramos en el hospital a las siete y cuarto de la mañana, a mi madre la "entraron para adentro" a eso de las ocho de la mañana, y eran las tres de la tarde cuando la comenzaron a operar. Mi madre es diabética, necesita alimento, digamos, porque el cuerpo se lo pide, y hasta después de la operación y desde la noche anterior, no había probado bocado.

A toro pasado es muy fácil hablar. He llegado a pensar que yo tuve que ver algo... que en lugar de estar leyendo los varios libros que llevé conmigo, tuve que haber intuido algo, haber notado algo, que me hubiera hecho llevarme a mi madre de allí. Una señora mayor, también diabética, al cabo no se la pudo ni operar, según la médica, "porque habían cambiado el turno, y las enfermeras se habían ido cuando tocaba". Total, que la mujer se fue a casa tal como vino, pero más jodida, si cabe.

Peor fue lo de mi madre, que, después de cómo lo pasó, ahora resulta que tendrá que pasarlo de nuevo, y no sólo eso, sino que, ciertamente, no tengo mucha confianza de que todo vaya a ir bien esta segunda vez, cuando llegue el momento. Podrá ser que sí, la médica que la operó (el médico que acompañaba no ha aparecido hoy) dice que sí, que no son problemas que hasta cierto punto se dan, que son normales, pero, mi madre no va a ver por un ojo que hasta ayer le servía poco más o menos para valerse.

Ahora no hay más ojo. Y ahora toca esperar hasta dentro de tres o cuatro meses. Y con un ojo, acostumbrado a tener los dos, mi madre no va a ser la misma en este tiempo, estoy seguro, y ella todavía no se ha hecho a la idea, me temo. ¿La sensación que me queda de todo esto? Pues he perdido algo de confianza en la Seguridad Social de este país. Qué queréis que os diga, admiro a los médicos, y así se lo he dicho a la médica que operó a mi madre (hoy hemos ido a revisión) pero, en esta ocasión algo me dice que el asunto no ha ido como tenía que haber ido, como podía haber ido.

Aviso para navegantes. Según he podido leer (a toro pasado, maldita sea, aunque, probablemente hubiera dado igual, porque no nos íbamos a poner en lo peor) la operación de cataratas debe ser consensuada entre el médico y el paciente. A ver si puedo explicar lo que he leído. La catarata puede ir a más, pero, no puede pasar más, y no implica gravedad, es decir, pueden operarte cuando conserves aún un 80 por ciento de visión, o pueden operarte cuando conserves sólo un 20 por ciento. El caso es que la operación será la misma (consultar con vuestro médico) en un caso y en otro.

Y, efectivamente, parece una operación con pocos riesgos, pero, yo ya tengo claro que algunos hay, y, por lo tanto, acaso sea mejor esperar cuanto más mejor, puesto que, de tener en un ojo un 80 por ciento de visión, puedes pasar a tener cero. Así, sin más, hasta nueva orden... No he podido contenerme y también se lo he dicho a la médica, que me ha parecido de un borde inaceptable, porque, si el cliente lleva siempre la razón, el paciente, debería llevarla también, incluso cuando no sea así: no es cuestión de ponerse borde con alguien que acaba de ver cómo su madre ha perdido la vista de un ojo de la noche a la mañana.

Lo que le he dicho a la médica, en definitva, y entre otras cosas, es que conmigo que no cuente. Que a mí me pueden decir mañana que tengo cataratas, pero, este que te escribe, hasta que no pueda más, mientras se pueda apañar, no entrará en el quirófano. Porque acaso los riesgos sean pocos, pero, existen, es evidente, y puedes verte en una situación muy desagradable, que no esperabas, por si fuera poco, puesto que pensabas que ibas a salir de allí "viendo", como aquél que dice, y no "ciego", sin más, hasta más ver.

No pensaba escribir, porque, de verdad, estoy muy cansado de ciertas cosas, entre ellas, de mantener ciertas tareas, ciertos trabajos, ciertos proyectos, que, lejos de proporcionarme nada, veo que me quitan, en el sentido de que mientras estoy con ellos no estoy con otras cosas, acaso más interesantes, sino productivas. Pero al final no he podido evitarlo. En parte porque creo que puedo decir algo, aunque no sea muy bien, y en parte porque os dije, a los que leéis esta bitácora, que os mantendría al tanto sobre este asunto. He querido cumplir con lo prometido. Y ya está.