Cráneo de Tiranosaurio Lo más curioso que he escuchado acerca de la muerte se lo escuché a Carl Sagan en el capítulo de la serie Cosmos dedicado a la teoría de la evolución. Se trata de lo siguiente: la evolución se basa fundamentalmente en dos cosas, la primera, las mutaciones azarosas en los genes, que, a veces, simplemente, aciertan, por decirlo así. Aunque no esté demás decir que parece ser que casi siempre son perjudiciales, precisamente, porque estas mutaciones se producen al azar.

La segunda cosa necesaria para la evolución es la muerte, ni más ni menos. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque hay que dejar espacio (físico) a las nuevas generaciones. Si no se diera la muerte, por lo tanto, no existiría la evolución, y la vida sería muy distinta a lo que conocemos como tal. Lo cierto es que esta cuestión quita a la muerte toda idea de trascendencia. Le quita toda posible negatividad, porque, es todo lo contrario: es positiva para todos.

El tiempo y los cambios, aunque sean fruto del azar, y la muerte, son los pilares de la evolución. También se menciona en el susomentado documental, que, una de las razones por las que la evolución no es intuitiva para todos, es por las medidas de tiempo conque juega. Que un hombre, que ha de vivir a lo sumo cien años, comprenda lo que significan millones, miles de millones de años de evolución, resulta poco intuitivo, ciertamente, difícil de captar.

Pero lo cierto es que yo también pienso que la evolución es un hecho, no ya una teoría, o que tiene muchos visos de ser así, y prefiero atenerme a los hechos, al menos en este caso, y no a ideas más o menos antiguas sobre dioses, vida ultraterrena, eterna, y la cantidad de filosofía y pensamientos que se han expresado sobre este asunto, debido a una falta de capacidad para intuir lo que la muerte significa en última instancia: la muerte es necesaria y cumple una función importantísima e insoslayable.

Yo también prefiero las respuestas humanas para los temas humanos, digo. Lo divino, se lo dejo a los magufos. No me convencen, y, aunque les queden mil años de engañifas y absurdos, sus días están contados. Yo no lo veré, naturalmente, porque "estaré" muerto, pero, está claro que, de no ir para atrás como los cangrejos, cualquier respuesta inhumana, antinatural o divina, será desestimada y tenida como algo perteneciente al pasado, una especie de rémora que hay que procurar soslayar, por nuestro bien.

En su momento, cuando la ciencia no existía, las respuestas de tipo religioso podían tener su razón de ser. Pero ya no es así. Sólo la ignorancia y la superstición mantiene la llama de la fe, de la creencia en otros mundos, en una vida más allá de la que vivimos realmente. Y estoy convencido de que cada vez más gente no se deja persuadir por este tipo de respuestas antiguas, desfasadas, cuando no deliberadamente interesadas: como hechas a medida, pero no como los trajes, sino al por mayor.

Prefiero saber que yo moriré y volveré a la nada, justamente, de donde salí. Y me consuela pensar que he tenido la suerte de experimentar la vida. Y de haber tenido también la oportunidad de contribuir en algo a la evolución de mi especie. Este algo será ínfimo, quizás ni exista, pero, he tenido la oportunidad. Conformarme, en definitiva, comprender la necesidad de la muerte, también de mi propia muerte. Aceptarla como lo que es, algo positivo, en última instancia, y no pretenderme como fuera de este mundo.

Me gustaría decir, para terminar, que lo que sí que creo es que el ser humano debe salvaguardar la vida, en general, y la de su propia especie, en particular. Dicho de otro modo, que, si algún día llegamos a desaparecer de la faz del Universo, sea por causas ajenas a nosotros, contras las que podríamos (y estoy seguro de que lo haremos, soy optimista, sólo que a largo plazo) enfrentarnos, y no por una o más causas provocadas por nosotros mismos. Esto sí que sería imperdonable, por incomprensible.