Hace nada comentaba que en cierta página Web "estrenaban" la película Jungla de Cristal 4.0, y, como el que no quiere la cosa me puse a verla. Como era muy tarde ya para mí no la pude ver entera (me quedaba dormido), pero, quiero decir algo al respecto.
¡Hay que ver cómo nos conocen los jodíos peliculeros! Lo primero que a uno se le viene a la mente al disponerse a ver Jungla de Cristal 4.0, habiendo visto antes al menos dos partes de esta saga, digo, lo primero que a uno se le viene a la cabeza es que Bruce Willis no está ya para estos trotes.
Y sobre eso gira la primera parte de la película, precisamente. Nos presenta unas víctimas jóvenes y cercanas (internautas como somos unidos sentimentalmente), unos enemigos también jóvenes y también cercanos (hackers somos todos un poco, o querríamos serlo) y, justo a continuación, un octogenario dispuesto a enseñar a los primeros y dar de sopapos a los segundos.
Atención, spoiler. Creo que se dice así. Me parece que lo he visto ya antes, pero, en esta película (como entremés) he visto a un hombre septuagenario disparar un coche (sí, sí) contra un helicóptero y derribar a este último y a sus ocupantes, quienes caen estrepitosamente, pero se salvan, claro, porque el espectáculo tiene que continuar.
Tremendo. La película transcurre a una velocidad extraña, entre el vértigo y el parón. Y es que a uno no se le va de la cabeza la siguiente cuestión transcendental, ¿cuántos años tiene Bruce Willis ya? Se le ve mayor para estos papeles, algo no encaja, ¿cuándo voy a poder olvidarme de este detalle y continuar adelante? Pero no es posible hacerlo.
Jungla de cristal 4.0 parece una especie de homenaje a Bruce Willis, así que, es de suponer que sus incondicionales (siempre hay un roto para un descosido, aunque aquí han de darse millones de rotos para que el homenajeado pueda cobrar su caché), digo, para que sus incondicionales se echen unas risas y se den de codos cómplices.
Eso sí, efectos especiales a gogó, probablemente, en buena medida hechos con Linux, por lo menos. Dinero, mucho dinero, mucho, mucho dinero (que piensan recuperar vaciando los bolsillos de los incondicionales de Bruce Willis), coches rotos, muchas, muchas cosas rotas. Pero algo huele podrido en Dinamarca, y quien tenga ojos que lo vea, si no tiene otra cosa mejor que ver.
Publicada el Lunes, 10/9/2007 por David Esperalta
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