Captura del cartel de la película Fargo Hacía bastante tiempo que una película no me gustaba tanto como Fargo, de los hermanos Coen. Hay películas y películas y Fargo es una de las que merece la pena ver, puesto que, lejos de tener la sensación de haber perdido el tiempo, uno piensa que de alguna manera lo ha ganado.

Y es que cuenta un montón de cosas, no se limita a la trama que podríamos considerar principal, sino que la película se sale en varios puntos y de repente te percatas de que te están contando otra cosa, otras cosas. Es como si la película pudiera leerse entre líneas, entre planos y secuencias, o como se diga.

Una película que tal vez sea comercial si se quiere, pero, que te mantiene pendiente desde que comienza hasta que termina. Debe tener tintes de comedia negra, porque, realmente tiene unos puntos muy graciosos, justo en el mismo momento en que se producen situaciones dramáticas, que produce cierta contradicción.

En fin. Voy a dejarlo aquí, porque, además de que sólo quería recomendar la película, si se me permite, a quien tenga la suerte de no haberla visto aún, resulta que tengo puesta por aquí mientras escribo estas líneas otra película, Rebelión a bordo (1935), y, me temo que atrapa mi atención y me impide concentrarme en nada más.