Los medios de comunicación de masas (toma ya) nos informan (ja ja ja) de que el futuro (ja ja ja, otra vez) puede ser aún peor de lo que atisbaría un murciélago miope. Sí, así es, las cosas están mal, y se pueden poner peor, mucho peor, tal vez como nunca fuéramos capaces de imaginar. Y eso que imaginación nos sobra. Pero esta sigue sin superar a la realidad. ¡Naturalmente!
Está la cosa muy mala, señores, es posible que nos vayamos al carajo todos y nuestra historia no signifique más que un pedo en la historia del Universo. ¡Un pedo! Menos aún. Uno insonoro, incoloro, insípido, insignificante, intranscendente, incapaz, incluso, si nos paramos a pensar un poco, la misma nada en su mismidad. Un pedo muerto nonato, en el limbo de los pedos.
¿Pero qué demonios? ¿De qué lado me levanté hoy? No puedo pensar claramente. Rodeado, como lo estoy, por una comunidad incomunicada, por ruido que quiere ser música, por todos cuantos quieren ser otros, sin posibilidad de escape, arrinconado por voces condenadas, contaminado del pesimismo viejísimo que lo invade todo. ¡Es imposible otra cosa! ¡Y basta!
Debería estar ahora agradeciendo que hoy he visto la luz del Sol otra vez. ¡Si no fuera porque el Sol cada vez se muestra más agresivo y anticipa, avanza y encierra al verano abrasador con el que está más que dispuesto a atorrarnos como si fuera la primera vez! Todo esto no tiene ningún sentido. Además, si lo tuviera, sería en todo tan extravagante que no podría creerse.
Creo que fue Sófocles quien dijo (sino sería Confucio, sino yo mismo lo firmo y ya está) que esta vida nuestra no merecía la pena ser vivida, ¡que era mejor no nacer! ¡Y yo que pensaba que había tenido un mal día! Pero podemos pensar así, si queremos, si nos place, es posible hacernos estas preguntas, tal vez para olvidarnos de otras que están, lo queramos o no, más presentes.
Pero, voy a ir terminando, puesto que no llegaré a ningún lado. ¡No tenía la intención! La idea era escribir por escribir, y así me ha quedado. ¿Qué puedo hacer? Ni siquiera el comunicar algo me es dado. A mí no me raspa la pluma. Y no es porque escriba con ordenador, que no ordenadamente. Aquí ya hay demasiado ruido. Mejor dejarlo. Si bien se mira, son sólo unas cuantas letras borrosas.
Publicada el Sábado, 5/4/2008 por David Esperalta
Suscribirse a esta entrada - URL para Trackbacks
En verdad hay veces que pienso lo mismo que expones, muchas veces me planteo que legado les vamos a dejar a nuestros hijos, posiblemente ellos nunca podrán ver este planeta como lo vimos nosotros hace unos años. La naturaleza es muy sabia y se defiende, ¿que nos tendrá preparado para defenderse de nosotros que la hacemos tanto daño?
¡Hola Quili! Bueno. Conste que no lo decía por tanto. Realmente soy optimista respecto al futuro. No sé hasta qué punto este optimismo esconde cierta cobardía ya, cierto cansancio, pero, optimismo es, al fin y al cabo. ;)
Es bueno que seas optimista, yo en cambio, cada vez que veo en las noticias los desastres naturales, que últimamente se repiten con demaseada frecuencia, pienso muy mucho que sera lo siguiente que pasara.
De "las noticias", Quili, mejor no creerse sino la mitad de la mitad, y esto con mucha precaución, espírito crítico y descreído. Sé que no te cuento nada que no sepas si te digo que "las noticias" sirven, precisamente, para desinformar al personal, o para mantenerlo informado con una informe masa de información, que no hay por dónde cogerla, y que no le lleva sino a la confusión. Como decía aquél comisario famoso, "tengan cuidado ahí fuera". ;)