Los medios de comunicación de masas (toma ya) nos informan (ja ja ja) de que el futuro (ja ja ja, otra vez) puede ser aún peor de lo que atisbaría un murciélago miope. Sí, así es, las cosas están mal, y se pueden poner peor, mucho peor, tal vez como nunca fuéramos capaces de imaginar. Y eso que imaginación nos sobra. Pero esta sigue sin superar a la realidad. ¡Naturalmente!

Está la cosa muy mala, señores, es posible que nos vayamos al carajo todos y nuestra historia no signifique más que un pedo en la historia del Universo. ¡Un pedo! Menos aún. Uno insonoro, incoloro, insípido, insignificante, intranscendente, incapaz, incluso, si nos paramos a pensar un poco, la misma nada en su mismidad. Un pedo muerto nonato, en el limbo de los pedos.

¿Pero qué demonios? ¿De qué lado me levanté hoy? No puedo pensar claramente. Rodeado, como lo estoy, por una comunidad incomunicada, por ruido que quiere ser música, por todos cuantos quieren ser otros, sin posibilidad de escape, arrinconado por voces condenadas, contaminado del pesimismo viejísimo que lo invade todo. ¡Es imposible otra cosa! ¡Y basta!

Debería estar ahora agradeciendo que hoy he visto la luz del Sol otra vez. ¡Si no fuera porque el Sol cada vez se muestra más agresivo y anticipa, avanza y encierra al verano abrasador con el que está más que dispuesto a atorrarnos como si fuera la primera vez! Todo esto no tiene ningún sentido. Además, si lo tuviera, sería en todo tan extravagante que no podría creerse.

Creo que fue Sófocles quien dijo (sino sería Confucio, sino yo mismo lo firmo y ya está) que esta vida nuestra no merecía la pena ser vivida, ¡que era mejor no nacer! ¡Y yo que pensaba que había tenido un mal día! Pero podemos pensar así, si queremos, si nos place, es posible hacernos estas preguntas, tal vez para olvidarnos de otras que están, lo queramos o no, más presentes.

Pero, voy a ir terminando, puesto que no llegaré a ningún lado. ¡No tenía la intención! La idea era escribir por escribir, y así me ha quedado. ¿Qué puedo hacer? Ni siquiera el comunicar algo me es dado. A mí no me raspa la pluma. Y no es porque escriba con ordenador, que no ordenadamente. Aquí ya hay demasiado ruido. Mejor dejarlo. Si bien se mira, son sólo unas cuantas letras borrosas.