De la mañana. Toda la noche aquí, echando un vistazo a Windows Packet Capture, en el que se basa, ni más ni menos que WireShark; viendo cómo hay personas dispuestas a estudiar e implementar posibles "sniffers" con Delphi; alucinando con François Piette y su Internet Component Suite; y todo en buena medida porque anoche (hace unas horas) no era capaz de seguir el manual de usuario del programa Git. Qué le vamos a hacer.

La verdad es que a estas horas, después de todo el día de ayer dale que te pego, me siento como el culo, que no con el culo, el cual apenas siento ya, por otro lado, que todo hay que decirlo. Si estuviera haciendo algo, porque, no voy a pedir ya estar haciendo algo de provecho: eso en mí está visto que es imposible de toda imposibilidad, pero, algo, al menos, que es mejor que nada. Y escribir estas líneas, obviamente, no sirve. ¿O sí sirve? No; no sirve.

Además mi ordenador, viejo amigo, a estas horas se pone achacoso, no sé porqué será, y consigue frustrarme cada vez que no acierta a escribir lo que tecleo, haciendo unas pausas la mar de puñeteras. Las cinco y cincuenta y cinco de la mañana debe ser una buena hora para escribir algo, si tuviera algo que decir. Será que apenas leo. O que lo que leo no produce en mí sino impresiones pasajeras que no llegan a ningún lado, ni malo ni bueno.

Parece que el verano no quiere irse sin que aprete todavía la calor. Pero, no quiero hablar del tiempo, que, dicen, es uno de los temas de conversación más estúpidos que existen. Dicen tantas cosas. ¡Cualquiera se cree algo! Desde que las palabras tienen dueño, es decir, desde los mismos comienzos de la civilización, hay que empezar por aprender a creerse sólo la mitad de la mitad de lo que te digan, y esto como verdad incompleta y parcial.

Son las seis y catorce minutos de la mañana. Quiere decirse que para escribir las gilipolleces de esta entrada (enlaces no incluidos, es decir, sí, pero, no) he necesitado veinte minutos: son ya las seis y quince minutos, exactamente. Y diecisiete minutos. Esto del tiempo es para pensar, ¿eh? Pareciera que como lo tenemos ahí delante, en relojes, más o menos podemos comprenderlo, y, ¡qué lejos de la realidad está eso! El tiempo es un misterio. Y dieciocho minutos.

Creo que voy a dejarlo aquí. Me gustaría echarme a dormir, alguien diría que a soñar, con un buen libro, que malo no lo hay. Pero temo abandonarle y quedarme dormido antes de que cante el gallo, es un decir, porque en la ciudad dormitorio donde vivo no hay gallos ni falta que hacen, por lo visto. Pero si los hubiera estarían a punto de cantar, digo yo, a las horas que son, y antes me habría yo quedado dormido de acostarme con un libro. Así que igual hago otra cosa.

Como me voy a quedar frito en un pis pas, creo que por enésima vez voy a hacerlo escuchando algún capítulo de Cosmos (enlace a Tu.tv). A ver si recogo algo a base de la imnopedia, ¿no se llamaba? Aunque me parece a mí que nanai de la china naranjas mandarinas. O sea que nada. Pero al menos atenderé un poco, qué sé yo, me gusta quedarme dormido así, casi sin sentirlo. ¿O me levanto de esta enjuta silla y me tomo un café? ¿Otro café? ¡Loor al inventor del café!

Pero no, que ya es tarde. Demasiado tarde para otro café. Además ya no puede terminar peor el día, después de no haber hecho hoy prácticamente nada, que, por otro lado, es mi entretenimiento favorito, termino con una sarta de gilipolleces que no va a haber quien lea, ni siquiera yo mismo, que, por supuesto, no suelo leer lo que escribo después de haberlo escrito. La gracia está en la misma escritura. Sólo que en este caso no hay gracia que valga, claro.

Y me temo que así podría seguir horas y horas, pero, ¿por qué? ¿para quién? Y sobre todo, ¿para qué? Na. Definitivamente voy a buscar un capítulo de Cosmos y voy a dormirme antes de que la calle comience a llenarse de coches y gente, o viceversa, que empiezan justo ahora a desperezarse, como se suele decir. El caso es llevar la contraria. Y ya está. Eso es todo. Nada más que decir a las seis y treinta y una de la mañana, ahí es nada. Que tengas un buen día.