Carátula reducida de la película El pianista No había visto hasta hoy la película El pianista, de Roman Polanski. No pensaba que iba a aguantar los más de 120 minutos que dura, pero, al final lo he hecho casi sin darme cuenta.

Trata sobre la Segunda Guerra Mundial, centrándose en la ocupación de Varsovia, del gueto que se forma allí con los judíos, y, sobre todo, de las vicisitudes de la familia de Wladyslaw Szpilman, y de este último, sobre todo, de cómo consigue pasar, literalmente, la guerra, de un lado a otro de una Varsovia ruinosa en todos los sentidos.

La película atrapa, en mi opinión. Tiene escenas que le hacen pensar a uno que aquello no pudo ocurrir, que no puede ser, que está magnificado por las víctimas, que era tan absolutamente descabellado y loco que no podía estar pasando sin más. Pero, todo indica que pasaba.

La película, de hecho, está basada en la vida real del pianista Szpilman, que se transforma a lo largo de la película de un hombre culto, educado, pianista... hasta alguien que se asemeja a una especie de salvaje, preocupado sólo por la mera supervivencia, asustado porque está rodeado de enemigos por todos lados.

Comparada con La lista de Schindler, de Steven Spielberg, en mi humilde opinión, El pianista toca mejor el asunto de la irracionalidad de la guerra, al menos de cómo se vive la guerra, de cómo se tiene que vivir, y hasta de cómo se sobrevive.

La de Spielberg es más sensiblera, si puede decirse así, mientras que la de Polanski es cruda. Tan cruda que, ya lo he dicho, ha veces uno piensa que no se ciñe a la verdad.

Pero lo más seguro es que uno quiera pensar, precisamente, eso, que no puede ser verdad... que no puede haber tanta locura en el ser humano. Pero puede haberla.

En fin. 122 minutos dura una película que merece la pena ver. Tiene ya unos años... pero, si no la has visto ya, creo que puedo recomendártela: no pasarás un buen rato, pero, el cine puede ir más allá de la mera diversión.