El derecho a lo estupidez
El trabajador cansado, que apenas tiene tiempo para respirar, que tiene una mirada bonachona, que deja que las cosas sigan igual, esa figura típica que ahora, en la era del trabajo (¡y del Reich!), encontramos en todas las clases sociales, reivindica hoy el derecho a tener acceso al arte, incluyendo a los libros, a los periódicos, principalmente, y no digamos ya a la bella naturaleza, a Italia...
El hombre del atardecer, con "los instintos salvajes adormecidos", como dice Fausto, necesita veranear, bañarse en la playa, subir a las montañas, acudir a Bayreuth. En tales épocas el arte tiene derecho a la pura estupidez, como una especie de vacaciones que se tomara la inteligencia, el ingenio y el sentimiento. Esto lo entendió Wagner. La pura estupidez ayuda a reponer fuerzas...
Publicada el Viernes, 20/7/2007 por David Esperalta
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