Sí, amigos, hasta que Gesbit, o algún otro proyecto, me saque de pobre, vivo en un piso, como muchos hijos de vecino. Pero, tengo que parar aquí, es preciso hacer un alto en el camino, porque, al no estar seguro de vivir realmente en un piso, he querido buscar la palabra en el diccionario, ¡y no sé para qué lo he hecho! ¡Ahora no sé si vivo en un piso o dónde demonios vivo! Dice el diccionario de "piso":
- Acción y efecto de pisar. Pero esta acepción no es la que nosotros perseguíamos.
- Pavimento natural o artificial de las habitaciones, calles, caminos, etc. Tampoco nos vale.
- Cada una de las diferentes plantas que superpuestas constituyen un edificio. ¡Qué más quisiera!
- Conjunto de habitaciones que constituyen vivienda independiente en una casa de varias alturas. ¡Varias alturas! ¡Ja!
- Suela del calzado. No; va a ser que no tampoco.
- Cada una de las partes superpuestas que en su conjunto forman una unidad. Nada de nada.
- Convite que ha de pagar a los mozos del pueblo el forastero que corteja a una joven. De lo que se entera uno...
- En las minas, conjunto de labores subterráneas situadas a una misma profundidad. Hum... se parece, pero, no.
- En edificios de varias alturas, departamento que ocupa toda la extensión de una planta. ¡Toda una planta! Serán los actores de las pinículas...
- Nivel o altura uniforme del suelo de las habitaciones de una casa. Esta está hasta desusada.
- Vivienda clandestina en que se realizan diversas actividades ilícitas. ¿Y si soy un pirata vale?
Pero, no. El piso en el que yo creía vivir no es un piso, realmente, porque, no es que esté pisando a nadie, ni tampoco se trata de un suelo más o menos, el piso forma parte de la planta de un edificio, pero, no toda la planta del mismo, no se trata del piso de calzado, ni de unidades ni medidas, las mozas del pueblo no se han escapao, riau, riau, no es tan oscuro como imagino una mina, habría que preguntarle a Víctor Manuel, bueno, a su abuelo, lo que va a resultar imposible de toda imposibilidad. En fin, el piso donde vivo no ocupa toda una planta, esto ya lo he dicho, será el de los actores del cine, aunque su piso es uniforme del suelo al techo, no se trata de este piso de mi piso, y, por último, huelga decir que puedo ser un pirata, pero, hasta donde llego no hago nada ilícito. Igual hasta es triste y todo.
En definitiva, que no sé ya si vivo en un piso o dónde vivo. Y el diccionario no me aclara nada, todo lo contrario, me confunde del todo, en esta ocasión. Valga por otras ocasiones en que sí que me ayuda hasta a pasar el rato, fíjate tú, qué tontería. ¿Verdad? Además yo quería hablar en esta entrada de mis vecinos de arriba. Porque estos, es evidente, es sonoro, es vivible, a veces, que los tengo arriba, ¡aunque no diga nada sobre ellos el diccionario! Y se llame como se llame donde yo vivo, y donde ellos viven, arriba, es evidente que están. Se trata de una pareja joven, podríamos decir, como un naturalista imagino yo que diría, y no, nada más lejos de los ruidos que estás pensando, no se trata de eso, ¡eso vino antes, por fuerza, y yo no me enteré de nada!
Esta pareja joven ya tiene tres pequeñuelos, tres ángeles, tres benditos, tres, que a veces parecen seis demonios, ¡seis niños en edad de corretear! ¡Y cómo que corretean! Por esto, entre otras cosas, sé que tengo vecinos arriba, no me cabe la menor duda de ello. ¡Angelitos! El piso, o lo que sea, de mis vecinos, es como una guardería mínima y fraternal. Ahora ya no se escucha demasiado jaleo, vamos a decirlo así, porque a estas horas, acabo de oir a su madre bien claro hace un rato, se van a la cama. ¡Angelitos! Se irán los tres, como una especie de procesión soñolienta, aunque todavía se oye a uno de ellos, de allá para acá, y es que el calor verdaderamente impide echarse a dormir todavía. ¡Hasta un niño se da cuenta, sin saberlo aún, del inevitable solsticio de verano!
Me quedo con ganas de hablar más, pero, lo del piso me ha dejado del todo confundido. ¡No saber uno dónde vive tiene delito! Pero, ahora lo que pienso, el título de esta entrada, "Una de vecinos de arriba"... suena como a una de chopitos, calamares o patatas bravas, y tampoco es eso. Que no parezca que querríamos merendarnos a los vecinos de arriba, o que alguien se los meriende, y que parezca un accidente, que preferiríamos una pareja de ancianos silenciosos como vecinos. No. Aunque no ha sido nuestra voluntad, aunque los pisos, o como se llamen, entrañan este tipo de cosas, vamos soportando con estoicismo lo mejor que sabemos y podemos la guardaría mínima, abierta en verano desde sol a sol... Vale.