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El científico Juan Manuel de Prada

La ciencia parece dispuesta a demostrar esto y lo otro, siendo lo otro lo contrario; y mañana podrá sin empacho alguno desdecirse y demostrar que lo opuesto a lo contrario es lo cierto, en un tirabuzón enloquecido y sin fin. [...] Es como si la ciencia, empeñada en satisfacer una demanda creciente que le asigna el papel de oráculo, hubiese entrado en una fase de cortocircuito neuronal; como si, sobrepasada por la promesa que nos hizo de desvelar hasta el más recóndito repliegue del universo, hubiese empezado a pegarse topetazos con una pared en la que no puede abrir brecha y, lejos de cejar en su loco empeño, estuviese dispuesta a descornarse, hasta convertir su fracaso en una suerte de orgullosa demencia. Que, por supuesto, se nos vende como sacrosanta cordura, aunque lo repudie nuestro sentido común.

Juan Manuel de Prada y Sentido Común dixit. Y se queda tan pancho.

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Final de la 9ª Sinfonía de Beethoven

Final de la 9ª Sinfonía de Beethoven, Oda a la Alegría

Extracto de la partitura de la 9ª Sinfonía de Beethoven

Ludwig van Beethoven

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Las flores del mal XX

Los ciegos

¡Ay, alma, contémplalos; cuán espantosos son!
Títeres parecen, incluso vagamente ridículos;
terribles y muy especiales, como los sonámbulos;
y nadie sabe adónde guían sus globos tenebrosos.

Sus ojos, cuya centella divina ya no existe, y
como si a lo lejano mirasen, hacia el cielo
se alzan; nunca se ve que sus pesadas cabezas
hacia el suelo se inclinen, soñadoramente.

Así van cruzando por ilimitadas tinieblas,
negruras hermanas del silencio eterno. ¡Oh ciudad!,
mientras que ante nosotros cantas, ríes y muges,
enamorada del placer hasta llegar a atrocidades,
¡mírame, también yo me arrastro! aunque más torpe
que los ciegos, me digo: ¿qué buscan en el Cielo?

A una transeúnte

La calle, aturdida, aullaba a mi alrededor.
Alta, delgada, de luto, como majestuoso dolor
pasó una mujer: con mano elegante
alzaba y mecía lo mismo festón que dobladillo;

ágil y noble pasó, con piernas de estatua.
Crispado y nervioso, yo no cesaba de beber
en sus pupilas, cielo lívido con gérmenes tormentosos,
la dulzura que fascina y el placer que mata.

Un relámpago... ¡y ya la noche! -Belleza fugitiva,
mirada que me hizo renacer, dime:
¿ya no te veré más sino en la eternidad?

¡En otra parte y muy lejos! ¡Demasiado tarde! ¡Y acaso nunca!
Ignoro adónde fuiste, y no sabes adónde voy,
¡ay tú a quien hubiese amado! ¡a ti, que lo sabías!

Charles Baudelaire
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Poeta en Nueva York IV

La aurora

LA aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

Pequeño poema infinito

EQUIVOCAR el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.

Equivocar el camino
es llegar a la mujer,
la mujer que no teme la luz,
la mujer que mata dos gallos en un segundo,
la luz que no teme a los gallos
y los gallos que no saben cantar sobre la nieve.

Pero si la nieve se equivoca de corazón
puede llegar el viento Austro
y como el aire no hace caso de los gemidos
tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios.

Yo vi dos dolorosas espigas de cera
que enterraban un paisaje de volcanes
y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino.

Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales.
Los muertos odian el número dos,
pero el número dos adormece a las mujeres
y como la mujer tema la luz
la luz tiembla delante de los gallos
y los gallos sólo saben volar sobre la nieve
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios.

Federico García Lorca
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Otra vez televisión basura

Retrato dibujo de Manuel Vázquez Montalbán Hace cierto tiempo enlacé con un cuento corto de M.V. Montalbán titulado Televisión basura, empero, no me resisto a citarlo, aunque completamente, aquí mismo, en esta misma entrada. Nota que el cuento es un sólo párrafo, y yo dudo de si es así, porque el autor quiso que se reflejara la realidad lineal y amalgamada de la televisión que trataba de describir, o si no se tratará de un simple problema con el formato de la página en Vespito.net, de donde copio este sugerente texto.

"¿Es usted puta?". "No, señor". "¿Estaría usted dispuesta a pasar por la máquina de la verdad?". "Si usted me paga, yo paso por lo que sea". (Uno del público) "No será puta, pero se pega pedos y se hurga la nariz con el dedo gordo de la mano derecha". "¿Es cierto lo que nos dice su ex compañero sentimental?". "Mi compañero sentimental no merece ningún crédito, porque hasta hace dos días se dedicaba a secuestrar gatos domésticos para pedir rescate". "¿Gatos domésticos yo? ¡Hamsters! ¡Sólo he secuestrado hamsters!" (interviene otra señora del público, invitada como representante del ecologismo integrado). "Señor presentador, de lo de los pedos doy fe, porque, si mis narices no me engañan, la invitada acaba de emitir uno de no te menees"... "Calma, ¿estaría usted dispuesta a, en relación con las ventosidades que se le atribuyen, pasar por la máquina de la verdad?" (la invitada asiente y aparece la máquina de la verdad, pero los que esperaban al hombre de la verdad yanqui, recién llegado de Alcatraz o de los sótanos del Pentágono, como otras veces, se sorprenden: quien acaba de entrar es Mr. Guillotin, y lleva una guillotina plegable que usted puede adquirir en cómodos plazos o con un descuento de un 25% si la paga a toca teja con dinero gris. La aparición de Mr. Guillotin provoca un instinto de retirada en la entrevistada que es reprimido por la aparición de 500 espléndidas muchachas disfrazadas de atún claro y comandadas por Bettino Craxi, al tiempo que 2.000 matrimonios maduros de la Samarcanda profunda se prestan a explicar sus experiencias sexuales por separado y al mismo tiempo opinar sobre la guerra del Golfo y dar la receta —ella— de las "fabes con almejas", mientras dos millones de líderes de opinión consideran que Felipe González está calvo, lleva un bisoñé y es el secreto más guardado de la democracia, más incluso que el señor Calvo Sotelo, que era proteína pura de secreto de Estado o metafísica pura de secreto de Estado, sin que haya una coincidencia absoluta sobre la relación entre la visita del Papa y el serio deterioro que ha sufrido la propuesta kantiana de la razón como reordenadora de la realidad, con la ayuda de la televisión, a pesar de que el Papa mediático ha tratado de empezar a aplicarla precisamente en la ermita del Rocío). "Por 200 millones de pesetas y un lote completo de latas de migas de atún. ¿De qué sexo era el caballo blanco de Santiago?". "Perdone, señor Corcuera. Aprovecho la coincidencia de que participamos en la misma mesa redonda sobre la ley Mohedano para reclamarle el abrelatas que el V de Caballería se llevó de mi domicilio allanado". "Si le allanamos el domicilio, por algo sería..." (otra vez irrumpe alguien del público). "Trafica con manuscritos de Lacan". "¿usted trafica con manuscritos de Lacan?". (El traficante con manuscritos de Lacan estalla en sollozos y finalmente es retirado por las 300.000 semidesnudas abuelas de las chicas a las que Chicho les toca. Pero todo pasa a segundo término cuando aparece en pantalla un flash informativo de la CNN y Jane Fonda comenta las razones que han asistido al presidente Clinton a bombardear Bagdad, sin que la ex muchacha dorada deje de hacer aerobic secundada por 400.000 marquesas sevillanas de título pontificio y 200.000 maharíes francesas ex dependientas de Galerías Lafayette y ex amantes del actual compañero sentimental de una de las princesas de Mónaco secretas, hija de secretos amores entre el príncipe Rainiero y una delegación de la Sección Femenina, becada en Mónaco para ampliar estudios sobre la oursinade, puré de patata y huevas de herizo mediterráneo, a ser posible de púas marrones, rico, rico, rico, sobre todo si se le pone perejil crecido a los pies del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal y usted lo cocina no exáctamente el sábado, sino el miércoles por la tarde y se lo come tan ricamente antes del partido Tenerife - Cascos Azules o Pujol - Tercios de Flandes). "Me he perdido". "Para eso estamos aquí".(El presentador se echa gotas de melancolía Westinghouse en los ojos, se enfrenta a la cámara y habla) "En la mañana del 28 de junio de 1993, un analista de mass media se perdió dentro de su procesador de textos cuando trataba de buscarle el cuarto sexo a la televisión. ¿No será que la televisión es más la sombra de Kant que la de Hegel? Los últimos que le vieron aseguran que se levantó decidido al descabello, porque, disfrazado de científico social, durante una semana trató de urdir un artículo más o menos científico sobre la televisión como sucedáneo de la metáfora de la caverna platónica, como sucedáneo y como, una vez más, traición de la aspiración platónica —también, en cierto sentido gramsciana, aunque me esté mal el decirlo— de que la educación debe orientarse a que los hombre contemplen la verdadera realidad. Al no poder todos los hombres acceder al conocimiento de la realidad, sólo los que pueden hacerlo, los verdaderos sabios, podrán ser los verdaderos gobernantes. Como ha escrito Ferrater Mora, a modo de conclusión: "El filósofo-rey —el filósofo que se convierte en rey o el rey que filosofa— es la culminación del proceso educativo, que, si bien nace entre las sombras, se eleva progresivamente hasta la suprema luz". (El locutor se vuelve hacia los testigos de la desaparición del articulista) "Usted asegura haber sido el último que lo vio. ¿En qué circunstancias? Usted está en condiciones de dar una opinión precisa, porque es sociólogo". "Sociólogo imperfecto, sí, señor, para servirle a Dios y a usted". "¿A qué llamamos sociología imperfecta?". "A la que no tiene como vana pretensión sectaria ni dogmática el presentarse como perfecta, puesto que sólo puede haber pasados perfectos, en el sentido de que son inalterables. En cambio, los futuros son alterables, aunque puedan ser probabilizados, pueden escapar a los excesivos cálculos de su propia probabilidad". (El presentador se vuelve otra vez hacia el espectador. Le mira de hito en hito) "Ojo al dato y atención al parche" (De nuevo vuelca su atención y su melancolía sobre una de las invitadas). "Usted debe sufrir más que nadie esta misteriosa desaparición... ¿Quiere lanzar, desde estas cámaras, un mensaje a su marido?". (La mujer se seca una furtiva lágrima) "Manolo. Vuelve. Ya te advertí que el Word Perfect es muy traidor, porque te confías, y como te equivoques de tecla te convierte cualquier cosa en alegoría tan imperfecta que se esfuma y va a parar a las peores cavernas platónicas, esas que no se notan, que aparecen llenas de luz precisamente para que no podamos ver nada... La luz no deja ver las sombras...". "Señora, ¡qué bonito!". "Es que en mi juventud quise ser poeta". (El presentador de nuevo, triunfante, se cierne sobre una audiencia de 10 millones de socios del Mercado Común) "Hemos perdido un líder de opinión, pero hemos recuperado una poeta".

Manuel Vázquez Montalbán

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El abrelatas de Internet
Toda transmisión de información es un proceso de cifrado y descifrado. Como usted sabe (o no), entre la invención de la lata de conservas y la del abrelatas transcurrieron más de cincuenta años. Las abrían con martillos, navajas y hasta con bayonetas (los soldados). Hubo que lamentar heridas, amputaciones de pulgares, dedos rotos, etc. ¿De qué sirve llenar de comida una lata si no tenemos abrelatas? ¿De qué nos sirve toda esa información que dicen que hay en Internet, si no sabemos ni partir la cáscara? ¿Internet? Sí, por supuesto, pero con abrelatas: escuela pública obligatoria e igual para todos. No hay mejor abrelatas que un buen bachillerato.

Forma parte del artículo El abrelatas, de Rafael Reig.

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Diálogo entre Babieca y Rocinante

Soneto

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.
B. Andá, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.
B. ¿Es necedad amar?    R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis.    R. Es que no como.
B. Quejáos del escudero.    R. No es bastante.
¿Cómo me he de quejar de mi dolencia,
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?

Miguel de Cervantes
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El ocaso de los ídolos III

Máximas y dardos

1. La ociosidad es la madre de toda psicología. ¡Vaya! ¿Será entonces la psicología un vicio?

2. Hasta el más valiente de nosotros pocas veces tiene valor para enfrentarse con lo que realmente sabe...

3. Para vivir solo hace falta ser un animal o un dios, dice Aristóteles. Falta una tercera condición: hay que ser ambas cosas, es decir, un filósofo...

4. "Toda verdad es simple" ¿No es esto una mentira al cuadrado?

5. Que quede dicho de una vez por todas: hay muchas cosas que no quiero saber. La sabiduría marca unos límites incluso al conocimiento.

6. Donde mejor nos recuperamos de nuestra antinaturaleza, de nuestra espiritualidad es en nuestra naturaleza salvaje...

7. ¿Es el hombre tan sólo un error de Dios? ¿O es Dios tan sólo un error del hombre?

8. De la escuela de guerra de la vida: lo que no me mata me hace más fuerte.

9. Ayúdate a ti mismo, y entonces te ayudarán también los demás. Principio del amor al prójimo.

10. ¡No seamos cobardes con nuestros actos, ni los rechacemos después de realizados! El remordimiento de conciencia es algo indecoroso.

Friedrich Wilhelm Nietzsche
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Las flores del mal XIX

El frasco

Perfumes hay, tan intensos, que todo recipiente
es poroso. Diríase que hasta el vidrio traspasan.
Al abrir uno de esos cofres de Oriente
cuya cerradura gime y rechina a gritos,

o algún armario de una casa desierta
que huele a siglos, con olor de tiempo polvoriento,
hállase a veces un frasco viejo con recuerdos
y del que brotan, con vida, almas reaparecidas.

Mil ideas dormían, fúnebres crisálidas,
y suaves palpitaban en densas tinieblas,
pero sus alas se desplegaban y alzaban el vuelo,
teñinas de azul, satinadas de rosa, bañadas en oro.

Tal es el recuerdo embriagante que en el aire
turbio revolotea; los ojos se cierran; el Vértigo
se apodera del alma vencida y con fuerza la empuja
a un abismo ensombrecido por miasmas humanos.

La derriba al borde del milenario abismo, allí
donde cual Lázaro pestilente que su sudario desgarra,
y en su despertar, se mueve el cadáver espectral
de un amor antiguo, pasado, grato y sepulcral.

Igualmente, al borrárseme un día de la memoria
de los hombres, al arrojárseme al fondo helado,
decrépito, polvoriento, sucio, abyecto, viscoso, rajado,

¡tu ataúd entonces seré, amable pestilencia!,
y también testigo de tu fuerza y de tu violencia.
¡Delicioso veneno que los ángeles prepararon! ¡Licor
que me roe, ay vida y muerte de mi corazón!

Charles Baudelaire
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Las flores del mal XVIII

El examen de medianoche

El reloj de pared, al dar las doce,
con ironía nos invita
a recordar cómo usamos
este día que se aleja:
-Hoy, fecha fatídica,
viernes y trece, pese a
cuanto sabemos, hemos vivido
como un herético;

hemos blasfemado sobre Jesús,
¡el más indiscutible de los Dioses!;
y como parásito en la mesa
de algún Creso repugnante,
por complacer al hombre brutal,
digno vasallo de los Demonios,
hemos insultado cuanto amamos,
hemos halagado cuanto nos asquea;

servil verdugo, hemos afligido
al débil que sin razón se desprecia;
hemos saludado a la gran Tontería,
la que tiene testuz de toro;
hemos besado a la Materia estúpida
con intensa devoción, y
hemos alabado la luz mortecina
de lo vil y putrefacto.

También, y por diluir
al vértigo en el delirio, como
sacerdote orgulloso de la Lira
cuyo honor es proclamar
la embriaguez de lo fúnebre,
¡sin sed ni hambre comimos y bebimos!...
-¡Apaguemos la luz, pronto,
escondámonos en las tinieblas!

Charles Baudelaire
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