Logotipo de GoogleTranquilo, no pasa nada, no se trata de ninguna alarma, advertencia o recomendación de que me haya enterado y quiera informar aquí. No es eso. ¡Pero es que no hay que esperar a que pasen las cosas! Sobre todo, ciertas cosas, que, cuando pasan, no nos pueden traer sino quebraderos de cabeza. Las contraseñas que usamos en los distintos sitios web, las contraseñas, en general, deberían tener una fecha de caducidad, deberíamos cambiar las contraseñas cada cierto tiempo, y, emplear contraseñas "fuertes", nada del nombre de tu perro.

Hay una frase que seguro más de uno me habéis leído ya, y que, si no se trata de una leyenda urbana, aparecía en el manual de uno de los primeros PC que llevó a cabo la multinacional IBM. En todo caso, viniera en el manual o no, la frase se me ha quedado grabada, porque es una sentencia verdadera: "Existen sólo dos tipos de usuarios de PC, los que han perdido alguna vez sus datos, y los que están a punto de perderlos". Yo estuve en el ambos grupos de usuarios, y ahora procuro no estar en ninguno, puesto que tengo establecida cierta política para mis copias de seguridad, que más o menos me funciona.

La contraseña de GMail, por si fuera poco, en realidad ya no es sólo la contraseña de GMail... también lo es de Google Adsense, si lo usas, de Google Analytics, si lo usas, ¡de cualquiera de los servicios de Google que uses! Es, por tanto, una contraseña a la que hay que prestar especial atención, puesto que su valor es importante, va más allá de conseguir acceso a una cuenta de correo, que no es baladí, sino a poder acceder a no poca información, más o menos sensible, más allá de la contenida en nuestro correo electrónico. Así pues, la contraseña de Google, más bien que la de GMail, tiene que estar a buen recaudo, ser lo suficientemente "fuerte" y, por supuesto, cambiarse cada cierto tiempo, por nuestro propio bien.

Sirva esta entrada a modo de recordatorio, a ver si vale para ponerte sobre aviso, te acuerdas de aquella cuenta en GMail (u otro sitio) y decides que ya es hora de cambiar tu o tus contraseñas, que siempre será en este sentido mejor prevenir que curar... cuando tal vez sea demasiado tarde. ¡Avisado quedas! Y aquí no diré aquello de "consejos vendo, y para mí no tengo", porque, aunque estoy plenamente de acuerdo con esta otra frase, lo cierto es que acabo de cambiar mi contraseña de GMail, la contraseña de mi cuenta "principal" en GMail, justamente, la que no quisiera que cayera en malas manos, y no por nada en especial, sino por los estragos que algo así podría llegar a causarme en el presente y en el futuro, acaso más de los soy capaz de suponer a bote pronto.