A nadie se le escapa a estas alturas que comienza un nuevo año, para quien tiene esa suerte, a veces invisible, o sea que no la vemos. Recuerdo que desde pequeño he pensado que yo viviría, en el mejor de los casos, hasta el 2050, y, en el peor... bueno, en el peor de un momento a otro no os digo ni adiós, o sea que no me da tiempo a decir ni mú. Poner el año 2050 como fecha aproximada de mi muerte es ser muy optimista. He dicho que pensaba eso de niño, pero, ya no soy un niño (en según qué cuestiones), las cosas son como son, y ahora esa fecha me parece una estimación muy optimista. Sea como sea, acabamos de empezar el año 2009 además.
Dicen la leyenda que en su lecho de muerte Tycho Brahe, repetía como en una especie de letanía, "Que no parezca que he vivido en vano, que no parezca que he vivido en vano". Y, por lo visto, no vivió en vano, puesto que, sin tener la conciencia (igual demasiado apretada) de Juan Kepler, lo cierto es que Tycho realizó las observaciones astronómicas más precisas de su tiempo, las mismas que Kepler pudo luego utilizar para echar abajo el sistema solar tal y como se conocía o se quería conocer. En definitiva, que Tycho no vivió en vano, ni mucho menos, no puede decirse que viviera en vano, teniendo en cuenta que los más de los mortales pasamos por este mundo sin pena ni gloria alguna.
Quizás algunos dejen hijos, sobre los que tal vez venga después la gloria que sus padres no pudieron alcanzar por hache o por be. Pero, si no dejas hijos, ni siquiera esa esperanza (si puede tomarse así) le queda a uno, sino ser plenamente consciente de que uno ha vivido, ¡y aun vive!, completamente en vano. Mal de muchos, etc. Pero, no sé porqué narices me he puesto hablar de estos asuntos. Lo cierto es que esta entrada tampoco tenía ninguna finalidad, no pensaba tratar de esto o lo otro. Quizás es de esas entradas que comienzas por la quemazón de escribir. ¡Fíjate qué tontería! La primera entrada del año en esta bitácora y ya comienzo a irme por las ramas. ¿Tendré algo que quiero olvidar? ¡Y aun algos!
¿Propósitos para este año? Quién sabe. No soy muy de plantearme este tipo de cuestiones, como quien tiene ya aprendida la lección: sirven de muy poco los propósitos, muchas veces, no sirven para nada, peor aún, sólo para saber de su incumplimiento, es decir, para arremolinar resentimientos, remordimientos y toda la pesca. ¡Propósitos! No creo que sirvan de mucho, al menos no para mí. Quizá que de una vez por todas pueda dedicarme, digamos, remuneradamente, a cuanto llevo haciendo en los últimos años, ya demasiados, sin más ni más. Tal vez caerme del burro, definitivamente, y comenzar de veras una especie de nueva vida, que, se dice pronto. O tal vez que las cosas sigan poco más o menos que como están, a la expectativa.
Sea como sea, y, para terminar esta entrada de alguna manera, vayan mis mejores deseos para todos vosotros, conocidos, desconocidos, amigos o enemigos míos. ¡Que ustedes lo pasen bien! Y no se olvide que un día es como una especie de año en pequeñito, o sea, al fin y al cabo un año es una agrupación de días, sumándose todos ellos al final, sin que falte ninguno. Así que todos los días podemos celebrar una especie de fin de año pequeñito, y, con suerte, podemos celebrar más aún el inicio de un nuevo año. Supongo que no se puede vivir así, de celebración en celebración (que se lo digan a Tycho Brahe), pero, hay formas y formas de celebración: que cada quien se busque la suya y aquí paz y después gloria. ¿O no?