Resulta que me despierto, y, prácticamente un minuto después, me entero del accidente aéreo que se ha producido en Madrid. Tú ya sabes aquello que se dice de que no somos nadie, pero, en realidad lo somos: para nosotros lo somos todo. Y aquello de que ni el hombre más inteligente del mundo es capaz de saber a ciencia cierta si seguirá vivo unos segundos más. Y así es la verdad. Y de nada sirven las probabilidades, me temo, porque, si es la muerte la que te espera, ya me dirás.
Antaño (me parece que hogaño ya no se lleva) los escritores ponían en sus bufetes, en sus escritorios, una calavera, ¿verdad que te suena? Era para recordarles que tenían que morir, era para recordarles la muerte. Y es que, con ser el único animal (que sepamos) que es consciente de que se tiene que morir, se nos olvida, tal vez, porque no habría quien viviera si sólo se pensase en la muerte y ni un minuto en otra cosa. La muerte es una cosa relativa que siempre les acontece a otros.
También debe haber otra causa cuyos efectos tratemos de olvidar no acordándonos más de la cuenta de que tenemos que morir. ¿Recuerdas el otro día que hablaba de otro dicho famoso, aquello de que "el hombre es libre o no es"? Pues ahora piensa cómo puede no ser libre, o no planteárselo, si es perfectamente consciente de que no tendrá una segunda oportunidad: de que si no es libre en este minuto, puede que en el próximo ya no se le cuente entre los vivos, y, no lo sea jamás.
No soy yo el que lo dice: la muerte ha dado mucho a la humanidad, en el sentido de que ha cooperado con obras de suma importancia. El saber alguien que tiene que morir, que tiene los días contados, que vive en una especie de cárcel, sin muros, pero, con una especie de sentencia letal en ciernes, saber uno todo esto, ha ayudado a muchos a crear grandes obras, que, de otro modo, seguramente no se hubieran llevado nunca a cabo. La obsesión por la muerte, la muerte siempre presente.
El caso es que hoy se han dejado la vida en un accidente aéreo (perdónenme los conspiradores de toda laya, porque llame accidente a lo que según ellos sea otra cosa muy distinta) muchísimas personas, que, indudablemente, no esperaban que les llegara su hora, como suele decirse. Ni tú ni yo podemos saber si no nos veremos envueltos en cualquier otro accidente antes de que cante el gallo. Sin duda es una mala noticia con la que no conviene despertarse, ni aun siendo ya de noche.
Publicada el Jueves, 21/8/2008 por David Esperalta
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